Villa de Taboada


            Taboada es una villa de glorioso pasado. Un escritor lucense, Trapero Pardo la bautizó como “Villa blanca”. No es una villa cualquiera, ostenta reconocimiento oficial: “Le fue concedido a Taboada el título de Villa, por resolución del Ministerio de la Gobernación, el 28 de julio de 1.947”. No es la villa de mis sueños, pero sí es la que más quiero y, ahora mucho más, ya que la visten de gala.
             En el Archivo municipal de Taboada, en la cubierta del primer libro de actas, consta: “Libro de actas correspondiente al Ayuntamiento Constitucional de Taboada, creado por la Junta Provisional del Gobierno, en la parte del año 1.840”.
No existiendo otros antecedentes, es lógico pensar que este Ayuntamiento nació a la vida oficial, como tal corporación, en la citada fecha.
             El solar de la villa perteneció, durante muchos años a la parroquia de San Pedro de Bembibre, pero en 1.898, con la nueva división, pasó a ser la parroquia de Santo Tomé do Carballo, aunque sigue siendo aneja a la primera.
             En el devenir de Taboada la leyenda y la historia caminan cogidas de la mano, en el espacio y en el tiempo, con la memoria en el pasado, la realidad en el presente y la esperanza en el futuro, para conservar su justa fama de buen comer, buen beber y buen vivir.
             Desde hace varios siglos las generaciones de taboadeses nacen, viven y mueren a la sombra de un árbol milenario, el emblemático “Carballo de Ramos”, nuestro estandarte a través de la historia y nuestra herencia del mundo celta.
 

Sócrates Rigueira Ramos